Sandra Caquías Cruz / End.scaquias@elnuevodia.com

Negra... !Ese ej micoló!. Así lo grita a los cuatro vientos para que desde su natal Guayama se escuche en cada rincón de la tierra.

Esa es Nora Socorro Cruz Roque: una mujer de cuna humilde, que convirtió la promoción de la cultura en su norte y en un medio para combatir el discrimen y desarrollar valores en comunidades marginadas de su Ciudad Bruja.

“¡Soy una negra jincha!”, asegura la mujer de 61 años de edad que por profesión escogió ser maestra de inglés, pero cuya vocación es la poesía, el teatro, el baile, en fin, la promoción de la cultura puertorriqueña.

Nora, quien se identifica como Solangedar (“Sol” de solitario, “ange” de ángel y “dar” de Dario, el nombre de ángel poeta) nació en Guayama. Su padre fue picador de caña. Su madre era una joven de 17 años que se casó con un viudo de 55 años de edad y que tenía 11 hijos.

Es la segunda de los cuatro hermanos que completaron el cuadro de 15 hijos que llegó a tener su padre, un hombre que nació en el siglo 19 y que no aprendió a escribir, pero fue trovador y cuatrista. “Era una familia muy unida basada en cosas cristianas, pero con muchas limitaciones”, define Nora quien, a su vez , es madre de seis hijos, todos dedicados a alguna faceta del arte.

A Nora se le debe ser la gestora, hace trece años, de varios intercambios culturales que comenzaron con la provincia de Azua, en la República Dominicana, y que ya se han expandido a Venezuela, México, Cuba y Colombia. Su trabajo en estas festividades -el próximo año se celebrará en Guayama- es promocionar la cultura boricua. “Lo que hacemos acá”, enfatiza la autora del poema “Canto a mi niño negro”.

Las maletas para salir a llevar la cultura no se llenan solas. Ésa es la gran tarea que ocupa el día a día de esta mujer. Esas maletas las prepara con la gente de pueblo, los residentes en comunidades marginadas, sus ex alumnos y hasta su familia. Aquí en Guayama, en la cuna del poeta Luis Palés Matos, Nora, ya jubilada del Departamento de Educación, se entrega en cuerpo y alma por las comunidades. Sin dinero a cambio.

Su más reciente proyecto está en el sector Loma del Viento, donde muchos de sus alumnos son niños con impedimentos que han demostrado su talento en el teatro, explica mientras saca de una caja plástica decenas de fotos de sus presentaciones. Al fondo, una pared en la que no cabe una placa más y donde están los recuerdos de decenas de reconocimientos que le han hecho, la mayoría fuera de la menor de las Antillas Mayores.

“La comunidad Loma del Viento es un terreno fértil para llevar todo este tipo de proyecto. Quizás en el futuro el Municipio considere esto como parte de un trabajo”, dice esperanzada en que algún día se le lleve una alternativa, que no sea el deporte, a cada una de las comunidades del País.

Y no bien ha dejado un líder en Loma del Viento para que continúe lo que ella comenzó, ya los planes los dirige al residencial Luis Palés Matos, también en Guayama. Allí utilizará el protagonismo de una de sus ex alumnas de teatro para organizar un grupo al que le enseñará baile, danza y poesía.

Nora no descansa. Con las manos llenas de labor comunitaria se ha lanzado a la tarea de involucrar a las comunidades que ha impactado con sus talentos para que participen de la Parada de Navidad que se celebrará en ese municipio. “El pueblo tiene que conocer lo que se está haciendo, para que esos jóvenes y niños reciban el aplauso del público”, expresa casi frente a la puerta de la cocina, la que tiene decorada con páginas del calendario, cuyas fechas están repletas de compromisos en los tres meses que restan del año.

“Hago esto porque es un compromiso social que tengo. Es un compromiso con Dios. Él me puso todos estos talentos. Yo no los puedo esconder. Hay que darlos, hay que regalarlos, hay que llevarlos”, expresa la mujer quien también personifica a la muñeca de trapo Tanyerina Purumpumpum.

La cultura corre por sus venas. De eso no hay duda. “Desde niña yo escribía. Ver el verdor de las plantas era hermoso, y eso me inspiraba, y me sentaba a escribir”, narra la autora de los libros “Tu teatro es mi teatro” y “La raza negra: !Ese ej micoló!”, en el cual narra el orgullo que siente de su raza.

Tras varias décadas enseñando, Nora se resiste a jubilarse porque “me siento útil, satisfecha, encantada, con mucha motivación. Ésa es mi vida”. Una vida pintada con el color de la cultura. Una vida coloreada por una misión que consiste en iluminar las zonas pobres de su Guayama natal con la riqueza de tradiciones transmitidas de generación en generación.